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El suspiro de la creación El om, la renuncia y el nuevo inicio en la vida y los negocios

Hay momentos en la vida —y en los negocios— en los que nada estalla hacia afuera, pero todo se quiebra por dentro. No hay crisis evidente, no hay números en rojo inmediatos, no hay un enemigo claro. Hay, en cambio, un cansancio sordo. Una tensión persistente. Un suspiro que se escapa sin permiso

El suspiro de la creación El om, la renuncia y el nuevo inicio en la vida y los negocios

El suspiro de la creación

El om, la renuncia y el nuevo inicio en la vida y los negocios

Hay momentos en la vida —y en los negocios— en los que nada estalla hacia afuera, pero todo se quiebra por dentro. No hay crisis evidente, no hay números en rojo inmediatos, no hay un enemigo claro. Hay, en cambio, un cansancio sordo. Una tensión persistente. Un suspiro que se escapa sin permiso.

Ese suspiro no es debilidad. Es señal.

En muchas tradiciones, el om no es solo un sonido: es vibración primigenia, el pulso que antecede a toda forma. Antes de crear, se exhala. Antes de avanzar, algo se suelta. Antes del nuevo comienzo, hay una renuncia silenciosa.

En los procesos de transformación profunda —personales u organizacionales— suele aparecer este punto exacto: cuando la narrativa que sosteníamos deja de explicar la realidad. Lo que antes ordenaba, ya no contiene. Lo que antes motivaba, ya no alcanza. El relato interno se rompe.

Y duele.

Porque no se trata solo de cambiar estrategias, estructuras o roles. Se trata de aceptar que la identidad desde la cual estábamos operando ya no es funcional. Que ese “yo empresario”, “yo líder”, “yo profesional” que nos trajo hasta acá, no necesariamente nos llevará más lejos.

Este es el momento más incómodo.

También el más fértil.

Muchas empresas llegan a este punto cuando crecen sin diseño, cuando acumulan capas sin sentido, cuando el propósito se diluye bajo la urgencia. Muchas personas llegan ahí cuando logran “todo lo que se suponía que querían” y, aun así, sienten vacío. El grito desesperado por recuperar la paz no siempre se oye: a veces se manifiesta como irritabilidad, desmotivación, conflictos recurrentes o decisiones postergadas.

El error habitual es intentar parchar la narrativa vieja. Ajustar procesos sin revisar el sentido. Cambiar personas sin revisar el sistema. Acelerar cuando, en realidad, el cuerpo —y la organización— están pidiendo pausa.

Renunciar no es fracasar.

Renunciar es dejar de sostener lo que ya no es verdadero.

Como el fénix, no se renace desde la comodidad, sino desde las cenizas de una identidad que cumplió su ciclo. La creación auténtica no surge de la acumulación, sino del vacío fértil que deja lo que se suelta. En términos organizacionales, esto implica animarse a rediseñar: revisar el propósito, reordenar roles, reconstruir la lógica de decisiones. En términos humanos, implica volver a preguntarse quién soy hoy, no quién fui cuando empecé.

El suspiro es el umbral.

El silencio que precede al movimiento.

El instante donde ya no hay relato… y todavía no hay forma.

Pero ahí, justamente ahí, comienza el camino nuevo.

No se trata de destruir por destruir. Se trata de permitir que lo que ya no vibra se caiga, para que emerja algo más honesto, más alineado, más vivo. La paz no se recupera huyendo, sino creando una coherencia nueva entre lo que somos, lo que hacemos y lo que sostenemos.

Diseñar la vida y los negocios también es esto: escuchar el suspiro antes del colapso, honrar la renuncia antes del renacimiento y animarse a crear desde un lugar más consciente.

Porque toda creación verdadera empieza igual:

con un silencio,

un suspiro,

y el coraje de dejar atrás la vieja forma.


Mensaje del autor

Animate a dejar ir viejas versiones de vos mismo para abrazarte y construirte de nuevo desde el deseo. 


Firma

Lucía Castelló 

Fundadora de Noctua | Laboratorio de negocios 


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